Brasil

Cambio Climático en Brasil

Se ha presentado una serie de ocho estudios de investigadores brasileños, que entre otras cosas, afirman que el avance del mar en Brasil puede amenazar la vida de 42 millones de personas que viven en la costa brasileña.

Además, el cambio climático que se registra en el mundo acarreará graves consecuencias para la Amazonía, cuya temperatura pueden aumentar hasta ocho grados en los próximos 100 años. Este fenómeno secaría ríos y convertiría la región en una zona prácticamente un desértica. Al mismo tiempo, se registraría un incremento de enfermedades como la malaria, la fiebre amarilla o el dengue.

El estudio “Cambios climáticos globales y sus efectos en la biodiversidad brasileña”, divulgado recientemente por el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil, estima que las temperaturas en todo el país pueden aumentar hasta cuatro grados centígrados de aquí al 2100. En la Amazonía, en el más pesimista de los escenarios, tendría un clima más seco y la floresta sería transformada en una sabana, o sea, estaría a medio camino de un desierto, como el de Sahara, según el estudio.

Pulmón verde

En este caso, la Amazonía perdería su condición de pulmón verde del planeta y se convertiría en emisor activo de CO2, con un impacto enorme en el clima mundial. El estudio no tuvo en cuenta los efectos devastadores de la deforestación en esa región, que pueden agravar la situación y adelantar todo ese proceso. En estos momentos, crecen las plantaciones de soja y caña de azúcar, extracción de madera y ganadería en la región. Las reservas forestales e indígenas son destruidas con enormes tractores sin que los gobiernos lo impidan.

Los canales de televisión muestran los tractores, decenas y decenas de camiones con la madera ilegalmente sacada de reservas indígenas, agentes de policía reciben dinero para que miren al otro lado mientras se llevan a cabo estas vergonzosas prácticas. Grandes empresas de extracción de minerales compran el carbón de las sobras del derrumbe para generar energía a sus hornos, las denuncias no resultan en nada pues estas industrias generan empleos, progreso o al menos eso es lo que dicen.

Mitad al fuego

La organización ecologista Greenpeace señala que “si el avance de la frontera agrícola y de la industria maderera se mantuviese en los niveles actuales, la totalidad de selva podrá disminuir de los actuales 5,3 millones de km2 a 3,2 millones de km2, en 2050”. O sea, casi la mitad de la actual Amazonía brasileña desaparecerá si no se hace nada para evitarlo.

El estudio, contempla escenarios más benignos en el caso de que se adoptaran medidas preventivas, pero igualmente prevén un aumento de la temperatura en la región en torno de los ocho grados. Allí, actualmente, la temperatura normal es de 40 grados.

El estudio es una aplicación concreta para Brasil de la metodología que rigió las conclusiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) divulgadas a inicio de mes en París y que suscitaron la alarma mundial sobre los efectos del recalentamiento del clima en el planeta.

Según el IPCC, las crecientes emisiones de dióxido de carbono y otros gases provocarán un peligroso recalentamiento de la temperatura de la Tierra y trastornos meteorológicos, como frecuentes olas de calor, huracanes o sequías.

Rio bajo el agua

Brasil puede tener otras áreas afectadas por el cambio climático, según el estudio: el nordeste puede transformarse de semiárido en árido en los próximos cien años y la costa (donde vive 25% de la población, unos 42 millones de personas) puede sufrir un aumento de hasta medio metro en el nivel del mar. La ciudad turística Rio de Janeiro “es una de las más vulnerables”.

Para el sudeste de América del Sur, se observa un aumento de la virulencia de las lluvias. La ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, pide que el Gobierno lance un plan para poder hacer frente a estas amenazas y adapte el país a esta nueva realidad climática. Concluyó diciendo que: “Estamos viviendo un desafío, una especie de encrucijada ética” que requiere una reacción en todos los países para frenar el calentamiento global”.

En principio esto viene abordar la cuestión de la utilización del etanol para combustible y una posible cooperación con Brasil que tiene mucha experiencia en el uso del alcohol para sustituir la gasolina en los vehículos.

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CAMBIO CLIMÁTICO-BRASIL: Deforestación amazónica en cuestión
 

RÍO DE JANEIRO (IPS) – Brasil celebra con orgullo la vigencia del Protocolo de Kyoto, porque participó decisivamente en la “construcción de este momento” y está contribuyendo a reducir el cambio climático.

Pero los ambientalistas no están satisfechos y reclaman más esfuerzo del mundo y de Brasil, especialmente para contener la deforestación de la Amazonia, la mayor fuente nacional de gases de efecto invernadero.

Las presiones se justifican porque la meta fijada por el Protocolo de Kyoto, en vigor desde este miércoles, es insuficiente para evitar grandes desastres ambientales.

El acuerdo obliga a 35 naciones industriales a reducir sus emisiones de gases que recalientan la atmósfera a volúmenes 5,2 por ciento inferiores a los de 1990. Y les da como plazo máximo el año 2012.

Pero estudios científicos afirman que se necesitaría una reducción de 60 por ciento para limitar a dos grados el aumento promedio de la temperatura global durante este siglo, observó a IPS el activista Rubens Born, coordinador de la organización no gubernamental Vitae Civilis.

Los gases invernadero, como el dióxido de carbono, son liberados principalmente por la combustión de petróleo, gas y carbón. Pero también ciertas actividades industriales, la ganadería y la tala y quema de bosques son causas de esa contaminación atmosférica.

Brasil debe abatir la deforestación, ampliar el uso de energías renovables y la protección de sus ecosistemas, reclamó una manifestación promovida este miércoles por 10 grupos ambientalistas frente al consulado de Estados Unidos de la meridional ciudad de Sao Paulo, contra el rechazo del Protocolo de Kyoto por parte de Washington.

Aunque no están obligados a cumplir metas de reducción, Brasil y el resto de los países en desarrollo asumieron compromisos de publicar inventarios nacionales de volúmenes de gases invernadero, impulsar programas de mitigación y adaptación a los cambios del clima y también a “desacelerar el ritmo de crecimiento de sus emisiones”, destacó Born.

El primer inventario brasileño, divulgado por el gobierno en diciembre, reconoce que el país tiene una participación importante en la emisión global de gases, con tres por ciento del total, y que 75 por ciento de los mismos se deben a la deforestación y a los incendios forestales.

Ese dato intensifica las presiones, internas e internacionales, para que Brasil frene la destrucción de los bosques amazónicos.

Como el inventario se basa en datos de 1994, cuando la deforestación amazónica era de 14.000 kilómetros cuadrados, las emisiones actuales son mucho más graves, ya que en 2003 el área afectada por la tala fue de 23.750 kilómetros cuadrados, y probablemente haya aumentado un poco más en 2004, observó el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM).

Pero Brasil adoptó un conjunto de medidas, movilizando sus distintos organismos, y “logró estancar la expansión de la deforestación y ahora trata de revertir la tendencia”, sostuvo el ministro Campos, argumentando que eso se demuestra por los balances anuales del área boscosa talada.

Ese esfuerzo contempla desde el control permanente de la Amazonia por satélites, tecnologías que valorizan los bosques, diseminación de proyectos de desarrollo sustentable, certificación de madera, regularización de la propiedad de la tierra y mayor represión a actividades ilegales, acciones que tendrán efectos positivos en el futuro, señaló el ministro.

Los resultados exigen tiempo, porque implican “cambios culturales, no de imposiciones” del gobierno, matizó, destacando que Brasil hace tales esfuerzos en un cuadro adverso, mientras las agroindustrias están en rápida expansión para “obtener los dólares” que el país necesita.

Además Brasil contribuye a reducir los gases invernadero ampliando el uso de energías renovables y los biocombustibles, acotó el ministro, cuya cartera coordina la política de cambio climático del gobierno brasileño.

El ministro rechazó la discusión más allá de los plazos de Kyoto, que vencen en 2012, con presiones para que los países en desarrollo asuman obligaciones.

En ese debate se ignora el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y la “visión histórica” de que los países industrializados son responsables de la mayor parte de los gases emitidos y acumulados desde el siglo XIX, arguyó.

El gobierno brasileño “debe iniciar ya una discusión con la sociedad” para preparar una propuesta consistente que incluya la cuestión de la deforestación, con miras a negociar una segunda fase de combate al cambio climático, con compromisos a partir de 2013, dijo a IPS Paulo Moutinho, investigador y coordinador técnico del IPAM.

De hecho, el inventario brasileño de emisiones es “un ejemplo para otros países” por su transparencia, y ya tuvo como efecto un aumento de las presiones contra la deforestación amazónica. Brasil necesita formular una respuesta, observó.

Los países ricos, que acumulan la mayor deuda ambiental, deben compensar a Brasil y a otras naciones con extensos bosques tropicales para que mantengan sus “bosques en pie” como servicio ambiental prestado al clima planetario, argumentó.

La Amazonia retiene una enorme cantidad de carbono que, con la tala o la quema, es liberado agravando al recalentamiento del planeta.

En Brasil, el estímulo a la conservación de los bosques tendría efectos acentuados, ya que el país posee un perfil de emisiones de gases invernadero opuesto al usual. Mientras tres cuartos de las emisiones mundiales de carbono se deben al uso de combustibles fósiles, en este país esa proporción corresponde al corte de árboles.

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Lula anuncia que Brasil financiará la lucha contra el cambio climático

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció hoy durante su intervención en el plenario de la Cumbre sobre Cambio Climático de Copenhague que su país está dispuesto a contribuir con fondos a la financiación para la lucha contra este fenómeno.

“Si fuera necesario hacer más sacrificios, Brasil estaría dispuesto a colocar dinero para ayudar y participar en la financiación”, afirmó Lula, que condicionó su promesa a que en la cumbre que hoy finaliza en Copenhague se acuerde una propuesta final que satisfaga a todas las partes del proceso negociador.

Lula avisó de que Brasil no quiere firmar un acuerdo por el mero hecho de firmarlo y recurrió a la ayuda divina para que las negociaciones en Copenhague finalicen con éxito.

“No sé si algún ángel o sabio descenderá en el plenario y colocará en nuestras cabezas la inteligencia que nos ha faltado hasta ahora. Como creo en Dios, creo en milagros y quiero ser parte”, dijo Lula, quien avisó de que Brasil no ha venido a “hacer cambalaches” y que no necesita “dinero externo” para financiar sus metas.

Las reuniones de urgencia mantenidas en las últimas horas por una veintena de líderes mundiales, entre ellos el presidente brasileño, demuestran que “no habíamos trabajado hasta ahora con la responsabilidad necesaria”, dijo Lula, para quien “todos podíamos ofrecer un poco más si hubiéramos tenido más voluntad”.

Los compromisos asumidos en la lucha contra el cambio climático por Brasil, que le costarán a su Gobierno 166.000 millones de dólares hasta 2020, conllevan una tarea “que no será fácil”, pero muestran el camino a seguir, porque “con medias palabras y cambalaches no se encontrará una solución en Copenhague”.

Cualquier documento que se acuerde en Copenhague debe salir de los textos elaborados durante las últimos días en las dos vías de la negociación marcada desde la cumbre de Bali en 2007, el protocolo de Kioto y la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático.

Lula asumió que la responsabilidad en la lucha contra el cambio climático es “común”, pero “diferenciada”, considerando que unos países han completado su desarrollo y otros aún están empezando.

La financiación a los países pobres para mantener su desarrollo y preservar el medio ambiente es indispensable, pero exige una reflexión más profunda.

“Lo más importante es que nosotros, países en desarrollo y ricos, cuando pensemos en dinero, no pensemos que estamos haciendo un favor, dando limosna. El dinero es el pago de las emisiones de gases invernadero hechas durante dos siglos por los que tuvieron el privilegio de industrializarse primero”, afirmó.

Los países ricos tienen derecho a exigir “transparencia” y el cumplimiento de las políticas financiadas, “pero hay que tener cuidado con esa intromisión”, advirtió Lula, quien alertó que la experiencia de instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial muestra que “no es recomendable que siga en el siglo XXI”.

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Brasil podría limitar su agricultura por el calentamiento global

El Ministerio de Agricultura de Brasil ya restringió algunas zonas cultivables en el sur del país, las más afectadas por las alteraciones climáticas de los últimos años

Brasil, una de las mayores potencias agrícolas mundiales, verá alterado el mapa de sus cultivos más característicos, como el café y la soja, por efecto del calentamiento global, indican las últimas investigaciones.

Incluso los escenarios más optimistas diseñados recientemente por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC en inglés) prevén que el termómetro continuará subiendo y alterará el régimen de lluvias de buena parte de América del Sur.

El investigador de agrometeorología de la Facultad de Agronomía de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Moacir Antonio Berlato, afirma que varias investigaciones ya demostraron fehacientemente que el recalentamiento afecta las prácticas agrícolas en todo el sudeste sudamericano. “En Brasil faltan aún experimentos de campo para conocer mejor el problema”, lamenta.

La Empresa Brasileña de Pesquisas Agropecuarias (Embrapa) realizó simulaciones con datos del IPCC para estimar el impacto del recalentamiento en cinco cultivos: soja, maíz, café, arroz y fríjol.

Reordenamiento agrícola

Los resultados de escenarios con aumentos de temperatura de entre 1,3 y 5,8 grados y proporciones de 5, 10 y 15% de incremento de las precipitaciones hicieron evidente la necesidad de un fuerte reordenamiento geográfico de la producción agrícola de este país.

En las próximas décadas, los cultivos de granos serán cada vez más difíciles en el sur, mientras plantaciones perennes como el café tenderán a preferir zonas con temperaturas máximas más suaves, por lo que el eje de esa producción podría mudarse a las zonas sureñas, según el estudio de Embrapa.

El excesivo calor del verano condicionará el avance de producciones como las de arroz, fríjol, maíz y soja hacia la región centro oeste.

“El recalentamiento ya genera en el sur eventos extremos como veranos más intensos y lluvias más fuertes. Con menor intensidad, ocurre lo mismo en el centro este y en el sudeste”, dice el jefe de informática agropecuaria de Embrapa, Eduardo Assad, responsable del modelo climático del estudio.

En función de estas alteraciones, la Embrapa ya trabaja en la divulgación de acciones para mitigar el recalentamiento global, causado por la acumulación de gases de efecto invernadero que liberan distintas actividades humanas.

Se promueven así la integración pecuaria y agrícola, los sistemas agroforestales, que combinan pasturas y bosques, y la mejora de la siembra directa, una forma de cultivo sin remover el suelo que, según Assad, puede capturar por hectárea hasta 500 kilogramos anuales de carbono, el principal gas invernadero.

En Brasil, con una superficie de 23 millones de hectáreas de siembra directa, esto podría representar 12 millones de toneladas anuales de carbono retirados de la atmósfera.

“El agricultor debe preocuparse por el recalentamiento y adoptar prácticas para reducir las emisiones de carbono a cambio de la remuneración de estos servicios ambientales, como ya sucede en otros países como Estados Unidos (en el estado de Texas) y en Canadá, donde se paga a los productores para que apliquen la siembra directa”, afirma Assad.

Mejoras genéticas

Otro enfoque de Embrapa son las medidas para adaptar la agricultura al clima mejorando genéticamente las variedades vegetales para hacerlas capaces de resistir el estrés hídrico y las altas temperaturas.

A fines de junio, el Ministerio de Agricultura de Brasil divulgará públicamente la zonificación agropecuaria para la temporada 2007-2008 con restricciones a las plantaciones en el sureño estado de Rio Grande do Sul. “Se limitarán los cultivos en 68 municipios en la frontera sur y este, que tienen suelos de un tenor arcilloso de entre 15 y 35%”, anuncia el funcionario responsable de la medida, Francisco Mitidieri.

La cartera no atribuye estas restricciones al recalentamiento global, sino que considera los registros climáticos históricos.

Estos ajustes en el extremo sur comenzaron en 2005, cuando se limitó por primera vez la plantación de soja en suelos arenosos riograndenses, pues retienen menos agua.

Además, el Ministerio pretende ofrecer nuevas opciones de cultivos para los agricultores de Rio Grande, los más afectados por los cambios del clima. Por primera vez se definirán en esta región zonas exclusivas para plantar girasol, ricino y frutales templados como ciruelas, duraznos, nectarinas y peras.

Las temperaturas mínimas diarias están aumentando en el sudeste de América del Sur, una región que comprende la porción sureña de Brasil, Uruguay, Paraguay y el noreste de Argentina.

Registros climáticos recopilados entre 1960 y 2000 revelan un incremento significativo en la proporción de noches calientes y una tendencia a la reducción de las noches frías, sobre todo en el verano, entre diciembre y febrero, y en el otoño, entre marzo y mayo, con alteraciones más pronunciadas en las zonas costeras de esta región.

En Rio Grande ya se constató un aumento de 1,4 grados en la temperatura mínima anual entre 1913 y 1998, describe Berlato en una entrevista.

Los datos indican más olas de calor y noches cálidas y menos días con heladas severas. Las precipitaciones anuales han crecido en los últimos años a un promedio anual de 6,2 milímetros para todo el estado, afirma.

Cayó la cantidad de días seguidos sin lluvia y aumentó la de jornadas con precipitaciones continuas en todas las estaciones, pero sobre todo en otoño, lo que desfavorece a los granos que en esa época del año están en fase de maduración y cosecha. En cambio, esto “puede ser bueno para el sector agropecuario”, estima Berlato.

Además, la frecuencia de lluvias intensas (de más de 20 milímetros), y muy intensas (de más de 50 milímetros), está asimismo en ascenso.

Una respuesta a “Brasil

  1. Que interesante, Jimmy! Thanks for sharing this! (and by the way, do you know I am from Rio Grande…?)

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